RUBENS Y ROMA EN SEVILLA

“Me senté en el jardín bajo el magnolio mirando al salón de las columnas, con sus paredes almagras, adornadas con fragmentos de mosaicos, cerré los ojos y soñé que en esta casa tenía Roma un idilio con Sevilla…” Esto dijo Isabel de León, marquesa de Méritos, en su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, de la que hoy es presidenta. Isabel de León es descendiente de la condesa de Lebrija, Regla Manjón Mergelina, que en 1901 compró esta casa en la que se produjo el idilio, una mansión sevillana del siglo XVI situada en la calle Cuna. Durante trece años la fue reconvirtiendo, en “relicario donde he guardado los venerables tesoros de mis abuelos y los tesoros artísticos acumulados a lo largo de mi vida”. Los principales tesoros acumulados a los que hace referencia son, especialmente, los espléndidos mosaicos romanos, unos comprados a otros arqueólogos y otros encontrados en tierras de Itálica que, o bien ya eran de su propiedad o bien las compraba en el momento que le anunciaban que en ellas se habían producido hallazgos arqueológicos de importancia. Esta señora, apasionada del arte y de la arqueología, fue adaptando, desplazando las paredes de su casa de manera que quedara una planta en cada habitación justa del tamaño de los mosaicos que fue adquiriendo o descubriendo, de manera que son los mosaicos los que configuraron la casa, los verdaderos protagonistas de la planta baja. Los mosaicos y los mármoles del zaguán llevaron al marqués de Lozoya a afirmar que es “el palacio mejor pavimentado de Europa”. Es justo reconocer que la condesa de Lebrija consiguió, a pesar de la fusión de tiempos y estilos, un conjunto de aires mudéjares renacentistas bello, armónico y sereno.

Allí conviven en paz espléndidos mosaicos romanos de los primeros siglos de nuestra era, con azulejos del siglo XVI, brocales de pozo árabes con vasijas romanas, pinturas de Van Dyck o de Bruegel el Viejo con alguna pintura del siglo XX, como el magnífico retrato que hizo Sorolla a la condesa de Lebrija, también vemos preciosas vajillas inglesas, interesantes piezas de mobiliario, especialmente bargueños y biombos, y un bonito Cristo filipino en marfil que preside la recogida capilla de la casa.

Durante unos meses recibe esta casa un par de pinturas de Rubens de tema mitológico procedentes de colecciones italianas. La pretensión de la comisaria de esta miniexposición, es que “dialoguen” con los mosaicos y esculturas romanas, un “diálogo”, que, en mi humilde opinión, se antoja imposible, teniendo en cuenta la disposición de los cuadros entre paneles que los aíslan completamente del resto de la casa. Solo cabría un diálogo a voces, sin verse las caras, no caben las confidencias entre el Dios Pan del mosaico con la Deyanira de Rubens ni entre Hércules y Galatea o entre las Hespérides y Zeus.

En cualquier caso, con diálogo o sin diálogo, bienvenidas sean estas dos importantes creaciones de Rubens, porque, además de tener la oportunidad de conocerlas, nos han animado a visitar, una vez, más ésta espléndida e insuficientemente conocida casa palacio de la condesa de Lebrija.

Finalizo tal como empecé la reseña, con las palabras de la marquesa de Méritos, sobre el idilio soñado que Roma y Sevilla mantienen en esta casa:

Roma los mosaicos, Sevilla los azulejos
Roma el laurel, Sevilla el jazmín
Roma la Venus de mármol, Sevilla la cerámica azul de Triana
Roma el rosa pompeyano, Sevilla el albero
Roma el ciprés, Sevilla el naranjo
Roma es de acanto, Sevilla de azahar


Junio 2019

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